La puerta de los cien pesares – Rudyard Kipling

Esto no es obra mía. El mulato Gabral Misquita me lo contó, entre la puesta de la luna y el alba, seis semanas antes de morir, y yo anotaba sus respuestas a mis preguntas. Como sigue:

Está entre el Callejón de los Caldereros y el barrio de los vendedores de pipas; a unas cien yardas, asimismo, a vuelo de cuervo, de la mezquita de Uazir Jan. Eso puedo confiarlo a cualquiera, pero lo desafío a encontrar la Puerta, por más conocedor de la Ciudad que se piense el hombre. Al callejón solíamos decirle “El Callejón del Humo Negro”[1], pero se entiende que su nombre indígena es muy distinto. Un asno con la carga no podría pasar entre las paredes, y en un lugar, justo antes de llegar a la Puerta, una fachada muy sobresaliente hace que las personas vayan de lado. Seguir leyendo La puerta de los cien pesares – Rudyard Kipling

El pájaro judío – Bernard Malamud

La ventana estaba abierta y el delgado pájaro voló al interior. Aleteando con sus agotadas alas negras. Así funcionan las cosas. Está abierto, y uno entra. Cerrado, quedas fuera y asumes tu destino. El pájaro aleteó fatigosamente a través de la ventana de la cocina de la buhardilla de Harry Cohen en la Primera Avenida, cerca del Lower East River. De un saliente de la pared colgaba la jaula de un canario fugitivo, su portezuela abierta de par en par, pero este pájaro negro de pico largo –su despeinada cabeza y pequeños ojos sin brillo, algo cruzados, que le hacen parecer un cuervo disoluto- aterrizó, si no en medio de la gruesa chuleta de cordero de Cohen, al menos en la mesa, cerca de ella. El vendedor de comida congelada estaba sentado, cenando con su mujer y su joven hijo, aquella cálida tarde de agosto de hace un año. Seguir leyendo El pájaro judío – Bernard Malamud

Markheim – Robert Louis Stevenson

-Sí -dijo el anticuario-, nuestras buenas oportunidades son de varias clases. Algunos clientes no saben lo que me traen, y en ese caso percibo un dividendo en razón de mis mayores conocimientos. Otros no son honrados -y aquí levantó la vela, de manera que su luz iluminó con más fuerza las facciones del visitante-, y en ese caso -continuó- recojo el beneficio debido a mi integridad.

Markheim acababa de entrar, procedente de las calles soleadas, y sus ojos no se habían acostumbrado aún a la mezcla de brillos y oscuridades del interior de la tienda. Aquellas palabras mordaces y la proximidad de la llama le obligaron a cerrar los ojos y a torcer la cabeza. Seguir leyendo Markheim – Robert Louis Stevenson

De Paisaje pintado con té – Milorad Pavic (lectura)

Queridos y letales lectores, Milorad Pavic es, sin dudas, uno de mis cinco escritores preferidos. De él les acerco esta noche este fragmento de uno de los libros más bellos que tiene un mundo sólo en el título: Paisaje pintado con té. En este libro la protagonista se enamora nada menos que del lector. Cómo lo hace? Es Pavic. Quién de mis amigos leyó completo el Diccionario Jázaro??