Objetos perdidos – Pablo de Santis (lectura)

Queridos y perdidos lectores: Este de objetos perdidos es el último cuento que grabé en mi “pequeño reino”. Que es perder un objeto sino modificar la matriz que nos hemos formado de la realidad donde este objeto encajaba? Perder algo es perder sin dudas una porción de nosotros mismos. Hay pues perdida si no podemos recordar aquello que hemos perdido? Perder un objeto es pues una de las formas de la muerte, ya que o el recuerdo del objeto se irá degradando a medida que pase el tiempo, o no recordaré lo perdido.

El Maestro Chuang Tzu parece ser de otra idea y me siento tentado a incluirles su genial idea en relación a las pérdidas:

“Un barco puede quedar al abrigo en un cala y una nasa al abrigo en un lago, pero a medianoche puede acudir un hombre robusto y llevárselos. El ignorante no sabe que, sean cuales fueren los lugares en que pongamos un objeto al abrigo, los más pequeños dentro de los más grandes, lo que hemos escondido puede desaparecer y sernos arrebatado, pero, si ocultamos el universo en el universo, no hay peligro de que lo que nos resultaba precioso nos sea arrebatado y lo que poseemos es nuestro para siempre. Así, pues, el sabio sabe que la separación no es posible y que lo perdido no lo está en verdad.”

Chuang Tzu, VI-6

El misántropo – John Davys Beresford

Después que volví del islote y discutí el caso, empecé a preguntarme si aquel hombre no me habría tomado por tonto. Pero, en lo más profundo de mi conciencia, creo que no. Sin embargo, no puedo resistirme a la influencia de las risas que ha despertado mi relato. Aquí, en tierra firme, todo parece improbable, grotesco, estúpido. Pero en el islote la confesión de ese hombre resultaba absolutamente convincente. El escenario es todo, y quizá yo deba agradecer que las circunstancias que me rodean sean tan favorables a la normalidad. Nadie aprecia más que yo el misterio de la vida; pero cuando ese misterio implica dudar de uno mismo, me resulta más agradable olvidarlo. Seguir leyendo El misántropo – John Davys Beresford

El guardagujas – Juan José Arreola

El forastero llegó sin aliento a la estación desierta. Su gran valija, que nadie quiso cargar, le había fatigado en extremo. Se enjugó el rostro con un pañuelo, y con la mano en visera miró los rieles que se perdían en el horizonte. Desalentado y pensativo consultó su reloj: la hora justa en que el tren debía partir.

Alguien, salido de quién sabe dónde, le dio una palmada muy suave. Al volverse el forastero se halló ante un viejecillo de vago aspecto ferrocarrilero. Llevaba en la mano una linterna roja, pero tan pequeña, que parecía de juguete. Miró sonriendo al viajero, que le preguntó con ansiedad:

-Usted perdone, ¿ha salido ya el tren? Seguir leyendo El guardagujas – Juan José Arreola