August Eschenburg – Steven Millhauser (fragmento)

A los ocho años de edad, August Eschenburg pasó largas tardes de verano entregado a un juguete cruel y maravilloso. Un día había aparecido de repente en un terreno a orillas del río y repentinamente iba a desaparecer, a la manera de todas las delicias que se revelan con demasiada rapidez y demasiada plenitud. Una figura hueca de papel representaba un payaso, o un bombero, o un profesor barbudo. Cuando se ponía dentro un pájaro capturado, los desesperados intentos de la pobre criatura por escapar producían en la figura de papel una serie de movimientos locamente cómicos. August, que sabía que el juego era cruel, y nunca se lo contó al padre, intentó más de una vez mantenerse alejado del terreno junto al río, pero al final siempre sucumbía. Si los otros chicos parecían complacerse con los trajines del pájaro, a August lo fascinaban las extrañas, graciosas muecas del atormentado hombre de papel, que de pronto daba la impresión de cobrar vida. Ese juguete prohibido era mucho mejor que la caja de música con el mono encima dando lentas vueltas, o la criada que subía y bajaba el brazo batiendo manteca si uno le daba cuerda, o el molino con aspas que el viento hacía girar. Mejor incluso que el articulado payaso amarillo que bajaba solo los peldaños de una escalerita roja. Cuando empezaron de nuevo las clases, y el juguete cruel del terreno junto al río desapareció tan misteriosamente como había llegado, August sintió alivio, pero nunca olvidó la sensación de miedo y asombro que causaban esos hombres de papel animados hasta el peligro.

Redaliz – Pedro Lipcovich

Primera entrega

Somos una pareja de gemelos, somos especiales. No usamos armas como los españoles, ni herramientas como los esclavos. Desconocemos nuestro origen, y en verdad no nos sentimos inclinados a indagar al respecto. No necesitamos salir de esta isla. Sabemos que el Archipiélago Español es muy extenso y que una compleja red navegatoria ciñe sus mares. La invención de la polea, genial, y el conocimiento probabilístico de los vientos garantizan la superioridad de los barcos españoles. Nosotros vivimos en dependencias de la Gobernación de la isla. Nuestra habitación es cómoda. Disponemos de una cama, una mesa y una silla. Nuestros platos son dos, por supuesto, y están siempre Seguir leyendo Redaliz – Pedro Lipcovich