Boris Vian – La Hierba Roja (fragmento)

En lo esencial, los cuerpos físicos son todos más o menos parecidos, con reflejos y necesidades idénticos; a ello hay que añadir una suma de concepciones resultantes del ambiente, y que concuerdan más o menos con las necesidades y reflejos en cuestión. Claro que se puede intentar cambiar estas concepciones adquiridas, y a veces se consigue; pero a partir de cierta edad, también el esqueleto moral deja de ser maleable

Fotografías de Keith Carter

El diccionario jázaro – Milorad Pavic (fragmento)

Una primavera la princesa Ateh dijo: “Me he acostumbrado a mis pensamientos como a mis vestidos. Siempre tienen la misma talla y los veo por todas partes, hasta en los cruces de los caminos. Y lo peor es que por su causa ya no se ven los cruces de los caminos.”

Para divertirle, los sirvientes le llevaron a la princesa dos espejos. No se diferenciaban mucho de los demás espejos jázaros. Ambos habían sido hechos de sal pulida, pero uno era rápido y el otro lento. Todo lo que el primero, reflejando el mundo, tomaba como adelanto del futuro, el segundo, el lento, lo restituía, reequilibrando así las cuentas del primero, porque en relación con el presente estaba atrazado exactamente en la misma medida en que el primero estaba adelantado. Cuando llevaron los espejos a la princesa Ateh, ella estaba todavía en la cama y no se habían lavado aún las letras de sus párpados. En el espejo vió los propios párpados cerrados y murio en el acto. Desapareció entre dos parpadeos o, para ser más exactos, leyo por primera vez las fatales letras escritas en sus párpados, puesto que había parpadeado en el instante previo  y en el instante posterior y los espejos le transmitieron el reflejo. Murió, asesinada simultaneamente por las letras del pasado y del futuro.

Trueque de llaves – Arno Schmidt

Es muy solitario ese lugar, junto al río Sarre. Abismos de paredes verticales formadas por piedra del triásico temprano ; unos gigantes rocosos, altos como casas, interrumpen el camino con su vestimenta color rojo-óxido de cazador furtivo, la enorme piedra movediza como cráneo ; (‘hay montañas en las que dicen que viven personas con pies de cabra; y, si uno logra cruzarlas, otras que duermen durante seis meses’ – siempre me gustó leer este tipo de pasajes en Heródoto.( Mi primera épica, Sataspes ) ).
Acababa de regresar de un paseo por el bosque al pueblito adormilado en el que vivía en esa época ; las habituales telas de araña invisibles se habían pegoteado a mi frente escasa cuando me agaché para avanzar por entre matas y arbustos. Arriba, a ambos lados de la ruta, se abalanzaban los sauces, cuchillas revueltas en las cabezas despeinadas ; el viento se agazapaba aquí y allá ; el clima parecía haber cambiado. Seguir leyendo Trueque de llaves – Arno Schmidt